miércoles, 16 de marzo de 2011

David Viñas, por Juliana

Cuando me enteré del fallecimiento de David Viñas, me invadió un enorme sentimiento de orfandad y desolación. “Nunca más voy a tener el privilegio de presenciar una de sus clases” fue lo primero que pensé, aunque sólo hubieran sido dos cursos cuatrimestrales en la facultad los que alguna vez había cursado hace ya más de una década, los que tanto me habían marcado.

   Las literaturas de la carrera Letras que Viñas cada tanto dictaba no se iban solamente a cursar porque a Viñas se lo “iba a escuchar”. Las aulas desbordaban cuando era él quien estaba frente a un curso y aparecían, además de los alumnos regulares,  los habituales seguidores, los ex alumnos…

   Con voz grave y gesto enérgico, exponía sus hipótesis de lectura en las que confluían invariablemente la política y la crítica social. Pionero en esta perspectiva, había sido uno de los fundadores de la revista Contorno, allá por 1953, que marcó el nacimiento de la crítica literaria moderna gestada al margen de  simples parámetros esteticistas.

   Su genealogía y su propia historia exhibían en carne viva la historia de nuestro país. Hijo de una maestra anarquista y de un padre radical, había nacido, como él mismo solía decir, “en el último año de la presidencia de Irigoyen en la esquina de Talcahuano y Corrientes”. “Estudió con los militares y con los curas”, experiencias que marcarían vertebralmente su obra literaria. En los 70, como a tantos otros, le tocó el exilio y el saldo atroz de  dos hijos desaparecidos, María Adelaida y Lorenzo Ismael. En honor a ellos, renunció a una beca de 25.000 dólares; cuando lo hizo muchos creyeron que había enloquecido.

   Su obra es prolífica: Un dios cotidiano, Hombres de caballo, Lisandro, Literatura argentina y política, entre tantas otras.

  
  En el noviembre de  1951, a los 23 años de edad, había sido elegido por su propio padre para tomarle el voto a Eva Perón, quien estaba ya gravemente enferma, en el Policlínico de Lanús, como fiscal de la Unión Cívica Radical. En las clases de Viñas, en las charlas o en las entrevistas que daba, era casi habitual el impecable relato literario de ese momento. Recordaba cada detalle como si hubiera tenido una cámara en la memoria con la que iba mostrando los planos secuencia de esa película:


  “ Al ingresar al dormitorio estaba Eva, y me impresionó mucho porque parecía una de esas muñecas que en una época ponían arriba de las almohadas para dejar el camisón. Yo me había asignado el papel de fiscal con cara de culo. Nunca había estado en un lugar consagrado, institucional. En esas mesas con rueditas que hay en las habitaciones de los hospitales puse todas las boletas de los partidos, y le acerqué la mesa a Eva. Cuando íbamos a salir, Perón le preguntó: "¿Te apago la luz, Negrita?". Apagó la luz y quedó solita, con la luz del velador. Afuera de la habitación me encontré otra vez a los cortesanos, murmurando con ese aire de personajes de cine ruso. Esperamos un momento, en silencio, hasta que Perón golpeó la puerta y volvimos a entrar. Eva ya había elegido. Fue todo muy breve: pusieron una silla para que el fotógrafo de Democracia tomara fotos cuando ella estaba votando.

 "El vigilante agarró la urna y caminamos los tres por un larguísimo pasillo; de cada una de las puertas se asomaba gente. Salimos y caminamos hasta la verja. A los costados del camino, las manos de las mujeres que estaban ahí, arrodilladas con pañuelos, como las Madres de Plaza de Mayo, querían tocar la urna. Estaban los dos planos: la gran burocracia infernal, alcahuetona, y la gente que creía, como en una novela de Tolstoi".


   ¡Ay, maestro!  ¡Qué placer, qué deleite era escucharlo! ¡La literatura nos atraviesa el cuerpo!

   Ensayista, escritor, dramaturgo, apasionado, lúcido, irreverente, colérico…

   Yo me quedo con sus palabras, maestro.  Con su voz ronca y grave y el cigarrillo infaltable, en el recuerdo; con sus libros en la única posibilidad que queda después de la muerte,  la de la relectura eterna...

   “Me gustaría ser recordado por la irreverencia ante el poder actual”, dijo en alguna de sus últimas entrevistas. Quédese tranquilo, maestro, seremos obedientes y así lo haremos.
Marzo 2011.


No hay comentarios: