Escríbeme
pequeño puerto,
con tus diferentes
antorchas,
con tus luces
encarnadas en mis
hermanos.
Sentada a la mesa
de los muertos
en Varsobia,
reviví la tierra quieta
negada a un Galileo.
En Occidente,
otro tiñó de rojo
la luna de la fragua,
y nació la luna
de la siembra,
simentada de deseo.
Distintas constelaciones,
peregrinos
sedientos de tanta lava,
de misterio
en bocas bermellones
taciturnas,
desamparadas,
tragadas en el agujero
ruidoso,
de polvo y silencio.
El fruto y la semilla
en un pecho femenino
remontan otros
ecos.
Cambia el vuelo
sin orillas.
Orillando,
humo, niebla
ceguera, ciudadana.
Encausando el vuelo
en las calles eternas.
Moviendo las sombras
en la alborada
de una mano,
amada.
El instante de un
ángulo
Un mate,
la expresión...
la escucha,
TU MIRADA...
Autora Amelia B.Casuccio
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